El
viernes 12 de octubre, un día después de la novena en Totonicapán, el
Ministro de Energía y Minas entregó al Congreso de la República un
documento para reformar la Ley de Minería. Esa es otra imposición. Los
grandes señores entran sin preguntar. Son abusivos. No dan ninguna
validez a las 61 consultas comunitarias donde cerca de un millón de
personas han dicho que no quieren minas que intoxican y contaminan. La
vida no les interesan, menos los pueblos.
Por Tania Palencia Prado publicado por Comisión de Paz y Ecología COPAE Ya
la gente sabe que las minas solo dan trabajo a unos pocos y también ha
comprobado que provoca enfermedades, que se roba y contamina las fuentes
de agua y que trae más conflictos que beneficios. Aún así los ministros
de energía y minas insisten en reformar esta ley argumentando que es
buena para el desarrollo, pero eso es mentira: lo que quieren es solo
dinero. Se estimula más a las mineras que a la economía de los pueblos.
Toda la política económica del Estado se basa en fomentar las industrias
extractivas. ¿Acaso presentan leyes para elevar el salario mínimo o
para reforzar el mercado de alimentos o para resolver los conflictos de
tierra? No, a los grandes señores los Pueblos no les importan. Se ponen
muy serios y todavía se atreven a regañarnos por ser tontitos y
supersticiosos con la minería.
Los pueblos indígenas y los demás pueblos de Guatemala quieren otro
desarrollo muy diferente al que se ofrece con las mineras. Quieren
financiamiento y servicios técnicos baratos para sus cultivos, quieren
mejores precios, mejores mercados para sus productos y también quieren
decidir sobre los precios y los mercados. Sueñan con empresas que den
dignidad al trabajo y con sus propias empresas. Exigen la aplicación de
los convenios internacionales para decidir su propio desarrollo y hay
también una propuesta de ley, donde organizaciones campesinas, pensando
en sus comunidades, demandan un desarrollo integral.
¿Por qué le importa tanto la minería al Estado? Primero, porque los
gobernantes prefieren hacer alianzas con los ricos de afuera que con los
pueblos de adentro. La minería es un negocio de trasnacionales. Ellas
entran, socavan, despojan y se llevan los metales y minerales porque los
venden con jugosas ganancias. Y segundo, porque gobierno tras gobierno
prefieren buscar unos pocos impuestos más de las mineras que aplicar una
verdadera reforma fiscal, donde con justicia social se exija que paguen
más tributos los que más rentas ganan.
La minería es un remolino para hacer alianzas públicas y privadas,
una política mundial apoyada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional y que busca acuerdos sólo entre empresarios. Ahora quieren
reformar la ley minera para cobrar una pizca más a las trasnacionales y
para facilitar alianzas con los monopolios nacionales. Las reformas ni
siquiera mejoran los controles ambientales y crean un Consejo Minero con
la función de *"armonizar las regulaciones" *atreviéndose a dar una
silla a las industrias extractivas. Eso se llama pérdida de soberanía.
Igual sucede con la reforma educativa. Su viento lo soplan de afuera.
La reforma educativa cree que la educación de maestros es una carga,
por eso la entregan a universidades privadas. La necesidad de más
educación y más escuelas ni siquiera es analizada, menos la necesidad de
salud y alimentación de los escolares y de sus familias, ni toman en
cuenta la educación para fortalecer la economía de las comunidades
rurales. Su solución es muy fácil y es para otros fines: decidir que el
Estado se ocupe sólo de *"sacar gratis"* a bachilleres para vayan a
trabajar a las trasnacionales que están entrando al país.
Según la Ministra de Educación no hay nada de malo en que los
maestros se formen de a poquito pagando su universidad, porque según
ella hay muchos maestros. Estamos frente a una reforma maliciosa porque
se atreve a definir un nuevo perfil de ciudadanía anulando de hecho a la
actual Ley de Educación Nacional, pero mantiene deprimida la atención a
la demanda de más educación pública. A esta reforma también la empujan
de afuera y en América Latina ha sido propiciada por el Banco
Interamericano de Desarrollo y por la Agencia Internacional para el
Desarrollo de Estados Unidos. Esta reforma es perfecta para los negocios
chapines que quieren abrir universidades pagadas por todos lados. Por
eso ponen los 5 años en la carrera docente: para abaratar el ya bajísimo
gasto público en educación.
Y en las reformas constitucionales también se cuela un viento
colonialista muy parecido a todo este tufo mercantil: disminuyen los
derechos de los pueblos indígenas. El paquete de reformas a la
Constitución se cuida de no declarar como oficiales los idiomas de los
pueblos originarios y, como bien lo han denunciado las autoridades
ancestrales de los 48 Cantones de Totonicapán, borran de la Constitución
la obligación que tiene ahora el Estado de reconocer y promover la
organización social de los pueblos indígenas: sus autoridades, sus
alcaldías.
¿De qué se trata este huracán de reformas? ¿Qué podemos aprender? Una
enseñanza es que están abriendo brecha sin pedir permiso para instalar
nuevos negocios que buscan mayor control sobre el trabajo y sobre el
territorio de los pueblos. Pero la lección mayor consiste en darnos
cuenta que no se puede mejorar la vida de los pueblos si se permite que
otros tomen decisiones despreciando las necesidades y las propuestas que
nacen de los mismos pueblos. La educación, la salud, la vivienda, el
trabajo, la economía son asuntos que deben ser consultados a los
pueblos. Eso se llama democracia. En el Consejo de Pueblos se dan el
valor de tomar decisiones y sostenerlas. El desarrollo que se está
imponiendo busca dólares que se van volando después de agravar la
pobreza y destruir montañas, playas y ríos.
Los partidos políticos que no se metan a sacar agua para su molino y,
si hacen algo, que hagan algo bueno: escuchar a los pueblos porque no
quieren que sus bancadas aprueben esas tres reformas en el Congreso de
la República.
|
Latinoamérica -
Uruguay
|
|
Martes 30 de Octubre de 2012 12:43 |
En
Minas de Corrales trabaja la primera mina subterránea mecanizada del
Uruguay. Mameluco anaranjado, casco rojo con portalámpara, lentes
transparentes, guantes blancos con pintitas de goma negras, tapabocas,
tapones para los oídos, autorrescatador ajustado al cinturón, botas
amarillas y negras con puntera de metal que hacían que caminar fuera un
ejercicio físico en toda regla. Abajo, la oscuridad, el encierro y un
atuendo por demás particular para el que no está acostumbrado.
Fuente: El Observardor
Cerquita de Minas de Corrales, departamento de Rivera, se trabaja
bajo tierra. La apuesta de la empresa Orosur Mining por una mina
subterránea hecha por la mano del hombre se intensifica en un
emprendimiento único en Uruguay.
Orosur comenzó a operar en esa zona ubicada a unos 450 kilómetros de
Montevideo en 1997 con exploraciones a cielo abierto, al igual que lo
hicieron los aventureros franceses e ingleses de finales del siglo XIX.
Estos también aprovecharon algunas minas naturales del lugar. Aquella
experiencia se extendió hasta 1920 y provocó que se construyera la
primera represa hidroeléctrica de América del Sur –la de Cuñapirú– con
el cometido de procesar el mineral que sigue causando deleite en todo el
mundo: el oro.
Los aerocarriles por los que se transportaba el material de estudio a
la represa aún se mantienen en pie. Al igual que ese negocio por el que
Orosur exporta anualmente un promedio de US$ 74 millones. Para el resto
del planeta puede parecer poco, pero no para Uruguay. Con esa idea, y
en vistas de un precio del oro que está por las nubes y que permite
hacer inversiones –la onza troy de oro (31,1 gramos) está en US$ 1.700–,
la empresa apostó por la minería subterránea.
El proyecto que contó con una inversión de US$ 30 millones arrancó en
febrero de 2011 y un año más tarde ya se encontraba en funcionamiento.
La mina subterránea se excavó en el mismo lugar donde antes hubo una
mina a cielo abierto conocida como Arenal. Esta, como la de San Gregorio
y Santa Teresa, es una de las canteras más importantes de la zona. Como
es característica en el área, bajo tierra también se encuentra más
plata que oro. Pero claro, el metal dorado paga más.Por mes, la mina
subterránea produce 700 onzas, alrededor de US$ 1,5 millones. Para
llegar a esa cantidad, los operarios trabajan intensamente y en
condiciones, a primera vista, que generan escozor. Por la rampa de dos
kilómetros que serpentea en forma de ocho las galerías de cinco por
cinco metros, se puede ingresar a pie o en camioneta.
Mejor en esto último. Unos 100 metros adentro se puede visualizar en
toda su expresión el trabajo de un minero. La luz sobre el casco resulta
una ayuda clave. Hay iluminación, pero es mínima. Hay ventilación, pero
no evita la sensación de encierro. Para Ignacio Figueroa, uno de los
geólogos de Orosur, la experiencia es muy enriquecedora, mucho más que
trabajar al aire libre.
El calor allí debajo alcanza en ocasiones los 35 °C. Los operarios
siempre andan con botellitas de agua. El ruido puede complicar cuando
están los camiones o las palas cerca. O una máquina que va abriendo
boquetes en la roca para generar agujeros adecuados donde colocar
explosivos. Unos se llevan las piedras de donde se extraerá el oro –1,3
gramos de oro por tonelada de piedra– y los otros van abriendo camino
para buscar más minerales.
Previo a eso se hace un estudio para saber dónde se encuentran las
zonas mineralizadas a través de lo que se llaman testigos: cilindros
perfectos de roca, extraídos a través de una máquina que se conoce como
diamantina. Ese tubo es llevado al laboratorio. Una mitad queda para
análisis y la otra para archivo.
Los trabajadores, muchos de los cuales son extranjeros, deben seguir
una serie de obligaciones en torno a la seguridad. "Deben saber los
peligros a los que se exponen", aseguró Verónica Lay, técnica
prevencionista. "La peor catástrofe para nosotros sería un incendio" más
que los derrumbes, contó. Para cualquier emergencia existen las
brigadas de rescate, que acudirían ante cualquier foco de fuego,
derrumbe o pérdida de gas, pero también se espera que el trabajador tome
recaudos más allá del atuendo obligatorio para bajar a la mina.Debe
saber que hay salidas de emergencias, que ante un problema puede activar
el gas mercaptán, un efluvio con olor a huevo podrido que brinda una
señal inequívoca de peligro; y que cada 50 metros se ubican unos
refugios personales para permitir el paso de vehículos. Se insiste,
además, en evitar el polvo y usar tapabocas. El peligro de padecer
silicosis, la enfermedad en los pulmones provocada por el polvo, no se
atenúa por el continuo riego del piso de las galerías. Por cierto, los
charcos allí abajo se suceden y las pesadas botas cobran un valor
trascendental.
El oro que allí se extrae y el de las canteras a cielo abierto, luego
de pasar por el proceso electrolítico, se funde el día de transporte
cuando arriban los camiones de seguridad para ser llevados rumbo a
Suiza.
La barra de metal que se transporta para el país europeo está
compuesto por 60% de oro y 40% de plata, comentó Juan Lacerda, gerente
de la minera San Gregorio de Orosur.
Para Lacerda, quien contó que en la empresa trabajan 450 personas de
forma directa –el doble indirectamente–, es clave seguir invirtiendo
para no perecer en el negocio. "Se necesita mucha reinversión para
explorar, si dejamos de hacerlo le ponemos fin a la minería". Agregó que
una mina tiene una vida de cinco años y que es mucho más rentable que
cualquier otra actividad del campo.
De cualquier modo, la actividad minera tiene altos costos. Tanto como
gastar 21 mil litros de gasoil al día, como mantener un personal que
trabaja día y noche, como el 5% del precio de exportación que deben
abonar al Estado más otros impuestos. También está el costo que deben asumir para preservar el medioambiente.
Orosur, que llegó a rediseñar el curso del arroyo Corrales, utiliza
cianuro para separar el oro del resto del material rocoso. Para la
eliminación de este producto contaminante, usan unas represas en las que
vierten químicos para su disolución.
Esa represa, en la que antes se trabajó el mineral, es parte de un
proceso donde el ecosistema deberá quedar lo más parecido a como estaba:
el agua deberá ser reutilizada para otros menesteres, mientras que en
la gran piscina se coloca primero una geomembrana, luego arena, arcilla,
piedra y por último tierra. Allí debe florecer otra vez una pradera. En
Orosur aseguran que todo va en línea de lo que exige la Dirección
Nacional de Medio Ambiente (Dinama). Allí se concreta el cierre de la
operación, oro mediante. |
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario